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La importancia del arte en nuestras vidas


Photo by Rob Laughter on Unsplash

Hace algunos días, tuve la experiencia de asistir a una audición de alumnos en una escuela de música. Había personajes pintorescos y de todo tipo de gustos para una novela entretenida. Estaba el amante del rock, de pelo largo y blanco, con líneas en la cara que gritaban experiencias de vida; Se encontraba la mujer de apariencia naturista y relajada, usaba un vestido floreado largo y alegre; También estaba presente el empresario serio, con su americana, corbata perfectamente combinada y zapatos impecables; Estaba presente el joven perfeccionista con ganas de impresionar, principalmente a él mismo; y por supuesto, estaban los niños asustados y con nervios a flote…

Han iniciado los pequeños, arriba del “escenario”, buscaban con la mirada a su profesor y escapaban tímidamente de las luces del pequeño escenario, algunos incluso sugerían en secreto a su profesor, no tocar o tocar menos piezas, cosa que al final no ha resultado, porque todos tenían que presentar sus canciones. La ansiedad, los nervios y la emoción, eran los protagonistas de la mano de los artistas, pero todos han hecho sus presentaciones. Algunos salían muy alegres y entusiasmados por haber logrado completar su actuación, otros escapaban velozmente de la vista del público, pero con satisfacción y una sensación de cerrar un ciclo. Posteriormente llego el momento de los adultos. Podríamos pensar que sería todo más “racional” que los niños, y que los nervios no serían tan notorios, pero nada más lejos de la realidad. Se hizo libremente, dejando a cada uno escoger el turno y costó un poco que el primero diera el paso. Un hombre muy alegre, que entre bromas nerviosas y risas descontroladas, comenzó su presentación, la cual termino explicando el poco tiempo que llevaba practicando su instrumento. Seguido de él, vino el rockero a la batería, que su seguridad y fortaleza aparentes se desvanecieron poco a poco, para dar paso al temblor mientras se preparaba. Cumplió con su actuación, demostrando lo que había ido aprendiendo todo este tiempo. La siguiente fue una mujer con su hija con su «tercer ojo» que grababa a todo momento la actuación para tal vez no volverla a ver más adelante. La mujer, ante el impacto de la cámara, el público y su familia, ha tenido que abandonar a media actuación, disculpándose principalmente con ella misma por no poder vencer el miedo y la incomodidad de estar en el escenario. Al final, todos salieron con grandes emociones, algunos alegres, otros con frustración o sensación de fracaso (totalmente falsa porque el aprendizaje significa exponerse e intentar), pero seguro con una gran experiencia al enfrentarse al miedo de estar ante de la desnudez emocional que significa exponerse en un escenario y liberándose de esa careta que han creado en la vida cotidiana, que aquí no servía para demostrar quienes son. En este momento, todos eran iguales, incluso los más pequeños. Todos tenían que enfrentar miedos e inseguridades y han regalado lo que han ido aprendiendo, y a su vez, han saboreado lo que es el arte, y está les ha enseñado que no se puede tener total control de todo, hay muchas cosas sucediendo al mismo tiempo y hay que saber disfrutar del momento, independientemente de los resultados.

Esta experiencia, aunque para muchos podría ser una simple audición en una pequeña escuela, para mí fue un recordatorio de lo importante que es estar en un escenario, ante un público, ante tu propia persona, ante tus miedos y principalmente, ante lo que llamamos fracaso, que para mí se ha vuelto aprendizaje. Vivir directamente el arte, ya sea música, danza, actuación o cualquier tipo de expresión, nos enseña a soltar muchas cosas y a dejarnos dominar por las emociones, con el peligro para muchos, de que estas nos terminen saboteando nuestra actuación.

El arte nos enseña a conectar con nosotros, con quienes somos lejos de títulos, edad, conocimientos o estatus social. Nos enseña a encontrar la manera de expresar un mensaje muy personal, rodeado de muchos sentimientos y emociones. No existe una actuación insignificante. Nos exponemos sin máscaras ante el oyente, sin importar si eres un empresario, un rockero, un niño mimado o un aparente genio. Luchamos contra la idea de la perfección, hasta que entendemos que solo existimos nosotros, el YO único que se expresa y es ahí cuando superamos la frustración y el miedo a las críticas.

Ese día he aprendido que la lucha la tenemos todos, sin importar el nivel o la procedencia, y me he dado cuenta de lo importante de la música, en este caso, y de encontrarnos a nosotros mismos a través del arte.

Escapa de la vida llena de compromisos y sé tú mismo por un momento en el escenario, sin importar lo que pueda pasar, y comparte así el mensaje con quién está presenciando tu exhibición, para que al final, esa gente te conozca un poco más.

Cuéntame tu experiencia y tu opinión. Puedes dejar un comentario abajo y aportar algo para todos, yo aprenderé mucho de lo que tengas que decir. ¡Gracias!

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