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El duro camino de la aceptación


Photo by Zulmaury Saavedra on Unsplash

Estaba leyendo un artículo sobre el sufrimiento que nos “debería” provocar los acontecimientos que suceden en nuestro planeta. Cómo es que parecemos “insensibles” si no sufrimos en propia piel las situaciones que vemos en los noticieros.


Cierto es que, nuestro sufrimiento no cambia el hecho o la situación. No aportamos ningún beneficio al sufrir por otros lejanos. Hay una peligrosa línea entre tener empatía y sufrir como propia una situación ajena.


Lo cierto es, que por más que tengamos un mundo idealizado y en nuestra cabeza tengamos dibujado “el mundo ideal”, hay cosas que son como son y simplemente tenemos que aprender a aceptar esa realidad. No hablo de no intentar mejorar nuestro mundo y mejorar la calidad de vida de quienes nos rodean, sin embargo, no podemos sufrir constantemente con la idea de “las cosas deberían ser diferentes”.


Todo esto me llevaba a trasladar todo esto a mi vida. Muchas veces sufrimos porque pensamos que las cosas “deberían ser diferentes”. Yo en lo personal, muchas veces he tenido una batalle interior entre lo que “merecemos” y lo que otros “no merecen”.


Hoy, reflexionando, creo que estoy encontrando un punto de tranquilidad y paz. Comprender que cada uno elegimos nuestro camino y elegimos nuestros ideales. Si tu deseas trasmitir algo y vivir tu vida de una manera, hay que aceptar que no todo “es como debería” y abrazar las consecuencias de tus decisiones.


¿Por qué burguer King es más exitoso que un chef experto?


Podrían haber muchas razones, como el que vivimos en un mundo de marketing o que hay muchas maneras de conseguir el éxito monetario sin pasar por el perfeccionamiento en nuestra actividad.


El chef tal vez desea expresarse desde su comida; Dejar algo especial para esa pareja que quiere celebrar su aniversario en su restaurant o sentir satisfacción en el propio sabor de su autenticidad. Puede que no tendrá tantas sucursales, pero ese es un camino que ha elegido y trabajado y es como es, sin pensar que “debería ser de otra manera”.


Lo cierto es que, hoy en día, vivimos en un mundo que se recompensa mucho el “corto plazo” y a veces, los caminos tediosos y trabajados, no obtienen el resultado “merecido”. Pero eso no es algo que debería frustrarnos, sino visualizar que algunos buscamos otras metas y traerán sus grandes recompensas.


Aceptar que las cosas son como son y que podemos cambiar ciertos aspectos y luchar por nuestros propios ideales, sin importar lo que otros creen que “deberías buscar”, te llevará a encontrar paz en tu viaje y disfrutar de tu propio trabajo.


¡Gracias por leer! Déjame tu opinión en la parte de debajo de comentarios.

El efecto mariposa



El poder de una simple acción puede cambiar tu día por completo, incluso pecando de exageración, puede llegar a cambiar tu vida.

Todo esto suena demasiado fuerte y eso nos puede hacer sentir escépticos sobre el tema, pero la vida misma se forma de pequeñas decisiones, de las cuales, alguna de esas pequeñas decisiones se convierte en un momento destacado de nuestra vida.

Imaginemos que nos levantamos de mal humor, por la razón que sea. Puede ser un golpe en la ducha o simplemente haber despertado tarde (tal vez todo comenzó desde el día anterior que has olvidado poner el despertar adecuadamente). Esa “mala racha”, como solemos llamarle a un evento aislado y hasta bastante común, nos va marcando el día para tintarlo con esos matices grises de nuestro estado de ánimo turbio. Llegamos al trabajo, más bien a nuestro negocio. Abrimos y hablamos de mala manera a nuestro cocinero (tenemos un restaurante). En el contagio de nuestro mal humor, provocamos que nuestro empleado o empleada cometa un error en sus labores, lo cual nos lleva a incrementar la llama de nuestro día desdichado. Sin saberlo, ese fatídico día, teníamos la visita de una persona influyente en la ciudad y queda bastante insatisfecha con nuestro servicio, cosa que se corre la voz y nos afecta enormemente a nuestro negocio.

No digamos que hemos perdido la oportunidad de nuestras vidas, pero a veces suele pasar.

Puede ser que sea solo un día y no sea fundamental en nuestro futuro, pero muchas veces, las malas decisiones y el hacer cosas que no deseamos cada día, así como no buscar nuestra paz y tranquilidad, provoca que esos días sean muy frecuentes.

Muchas veces me he preguntado, ¿Qué tiene cierta gente para generar éxitos y abundancia?

He llegado a pensar que solo se trata del efecto mariposa, tal vez no es en sí el termino exacto, pero me hizo gracia la referencia. La serie de acciones y decisiones que vamos tomando, guiadas a veces por un simple mal momento o malas compañías que nos contagian esos malos momentos, pueden llegar a convertir nuestra vida en un verdadero desastre.

Somos creadores de nuestra vida; constantemente estamos decidiendo hacia dónde vamos y como queremos vivir el día siguiente y más importante, el día de hoy. Por eso, he considerado de gran importancia el tema de “Encuentra tu equipo de motivación”, porque también podemos ser influenciados por la amargura e insatisfacción de quienes nos rodean.

Disfruta cada momento, busca alegrarte el día, aléjate de lo que te amarga y no caigas en discusiones y mal tratos innecesario. Todo esto va mermando nuestra energía y va creando una oleada de acontecimientos guiados por ese estado de ánimo. Hace unos años que ronda mucho el tema de la “ley de la atracción” y yo creo firmemente que:

<<Atraemos lo que somos y somos lo que pensamos>>

Cada gesto, palabra e intención con la que realizamos todo, se contagia y crea situaciones que concuerdan con nuestra forma de ser.

No es necesario asustarnos, creo que nuestra vida puede cambiar al momento en que decidimos pensar de otra manera. Si hemos atraído cosas que nos hacen daño, podemos buscar la fuente de esas situaciones en nuestros pensamientos recurrentes. Veamos la forma en que pensamos y afrontamos cada parte de nuestra vida y decidamos si queremos que ese pensamiento (como un aleteo de una mariposa) cree un tornado en nuestras vidas.

“Ningún problema puede ser resuelto en el mismo nivel de conciencia en el que se creó”

Albert Einstein.

¡Gracias por leer!

Crea buenos hábitos. La clave para ser productivo.


Photo by Priscilla Du Preez on Unsplash

Siempre que comienzo alguna lectura sobre productividad, llega el momento en que se habla de los hábitos. A veces son pequeños, otras veces parece que es una labor inmensa adquirir ese tipo de acciones cotidianas y que parezcan rutinarias.

Recientemente leía un artículo muy interesante, que hablaba sobre cuánto tiempo se tarda una persona en automatizar una acción para convertirla en un hábito. (Puedes leer sobre este tema y más en https://bulletproofmusician.com/) Menciona algo sobre el mito de los 21 días para formar un hábito. En este artículo se mencionan algunos estudios que tratan el tema y han concluido en un promedio de días para alcanzar convertir una acción en un hábito. En este caso, estos estudios concluyeron en los 66 días, aunque los resultados variaban tanto como de entre los 18 días a más de 200 días.

He notado en mi propia experiencia, que poner en marcha ciertas rutinas, ayudan enormemente a ser más organizados y por supuesto, más productivos, incluso a administrar mejor tu dinero y parecer que rinde mucho más que antes. Son los pequeños hábitos, como destinar una parte a ahorrar o comprar una agenda y organizar tu día cada mañana, los que hacen una enorme diferencia en tu experiencia de vida y en tu productividad. Debo admitir que al principio, esta serie de acciones parecen un poco “forzadas”, pero es alentador leer que, si lo haces con persistencia y constancia, este comportamiento se volverá un hábito y será parte de tu rutina, debo decir que eso está pasando en mi vida con muchas pequeñas acciones.

En toda actividad, creo que es muy eficiente crear rutinas y hábitos muy específicos. De esta manera, llegará el día que será más sencillo hacerlo.

Aprende de la gente productiva y mira sus consejos, hay muchos blogs y libros que hablan al respecto. Te dejo algunos consejos.

Consejos para ser más productivo.

  • Apunta en alguna lista todas las cosas que tienes pendientes por hacer. Incluso si puedes tener una agenda y apuntar los días. Quitarte la preocupación de tratar de recordarlo todo, ayuda mucho en tu organización y te ayuda a no mal gastar energía.
  • Organiza tu día cada mañana y pon prioridades. No todo es importante y debes saber distinguir que cosas hay que hacer hoy y que otras podrían esperar.
  • Destina tu dinero a ahorros, inversiones y diversión, así como a otros gastos. Hazlo al principio, antes de gastarlo todo, no importa que sea mucho o poco, después de un tiempo no sabrás como has podido guardar tanto.
  • Haz una lista o plan de estudio. Nunca debes de dejar de aprender, dedica un tiempo fijo cada día a ello y respétalo. Para ser más efectivo, anota todas las zonas de aprendizajes que debes de cubrir y divide el tiempo con equidad y por importancia. Te sorprendería ver lo que puedes hacer con unos minutos al día. Aunque creas que eres un experto en tu tema, siempre puedes aprender más. Destina un rato para estudiar sobre lo tuyo cada día, aunque sean 5 o 10 minutos al día, te sorprendías al ver cuánto has aprendido en 1 año.

La productividad aumenta cuando tienes claro lo que tienes que hacer y sabes cuáles son tus prioridades.

Recuerdo al principio de mi carrera, tenía una tabla con todas las asignaturas que debía cubrir y todas las secciones que tenía que aprender en cada una, así como todos los temas a aprender o practicar. Una vez terminada la lista, ví que era un mundo de información y me sentí un tanto asustado, pero aún así, decidí dividir el tiempo y he dedicado en su momento, 5 o 10 minutos a cada sección. Me ponía un cronómetro y respetaba el tiempo de cada parte, sin tratar de pasarme del tiempo (ya que hay cosas que te gustan más que otras). Al final, me sorprendió que normalmente, era capaz de terminar la tabla sin tanto agobio y parecía más rápido. Eso fue cada día y mi desempeño fue notablemente alto, ¿pero qué sucedió más adelante? Mi ego se inflo y comencé a pensar que ya no era necesario seguir esa tabla y la comencé a ignorar, al poco tiempo, comencé a notar que iba atrasado en varios puntos y el tiempo ya no me alcanzaba de la misma manera, por lo tanto, mi solución fue dedicar desorganizadamente más tiempo a lo que estaba atrasado, pero tampoco me fue demasiado útil, porque me cansaba y descuidaba otros puntos. En resumen, aunque parece tonto y nos sentimos “demasiado listos para seguir estos consejos”, debemos superar esa sensación de falso control y empezar a organizar nuestras actividades y nuestros días. La constancia cada día, es más productiva que estudiar todo el domingo o los últimos días antes de un examen o prueba. Crea el hábito de hacer las cosas, y será cada vez más fácil hacerlo. Por experiencia, sentarte a practicar o estudiar, sin saber qué hacer y cómo, termina por ser un desperdicio de mucho tiempo.

Dedica un par de minutos a organizarte y a tener claro, qué harás con ese tiempo, te aseguro que destinar unos minutos a organizar tu tiempo, jamás será una pérdida de tiempo.

Los hábitos pueden ser buenos o malos, intenta esforzarte durante los días que te sean necesarios para automatizar y crearte buenos hábitos. Puedes volverlo incluso un juego y apuntarte el número de días seguidos que has cumplido y observa o apunta las sensaciones que tienes al paso del tiempo. Cuando veas que te es “normal” hacer esa acción, en hora buena, has programado en ti, un nuevo y buen hábito.

Gracias por leer, si te apetece, deja un comentario abajo y háblame de tu experiencia o déjame tu opinión.

La importancia de aburrirnos.


Photo by Siavash Ghanbari on Unsplash

Hoy en día, con las múltiples alternativas de entretenimiento que tenemos, desde cualquier película o serie en tu televisión personal (que cabe hasta en nuestro bolsillo), hasta los incontables videojuegos para distraerte, que pueden saciar prácticamente cualquier gusto. Hemos perdido la tolerancia al aburrimiento, por no decir que, ahora aburrirnos parece molestarnos y ya no suele ser una opción.

Es curioso que, incluso los niños, poco a poco desconozcan lo que es sentirse aburrido.

Recuerdo cuando era un niño, teníamos nuestros dibujos animados favoritos que transmitían a una hora en concreto, en su canal respectivo. Esperábamos con ilusión la hora de verlos y cuando terminaban, no teníamos más remedio que esperar al día siguiente para poder continuar con el siguiente episodio. Como consecuencia, la televisión tenía “tiempo limitado de diversión”, puesto que después llegaba a nuestros labios la típica frase “ya no hay nada bueno que ver”, lo que nos obligaba a apagar el aparato y buscar otra cosa por hacer. Lo mismo que los teléfonos móviles no existían, no había ese catálogo infinito de juegos al alcance de un botón. Fue así, que hemos tenido muchas veces la sensación de estar aburridos. Al no tener “nada que hacer», reinventábamos juegos, buscábamos aventuras afuera en el patio e incluso ¡conocíamos a los vecinos! Incluso de varias calles a la redonda; Buscábamos hacer planes con amigos de la escuela, primos o vecinos, ya sea jugar al escondite, dibujar cosas o un buen partido de futbol. Al estar aburridos, teníamos que ser creativos e imaginar cosas, incluso recuerdo haber perfeccionado el arte de crear muñequitos de plastilina o de papel, o incluso esperar una buena lluvia para dejar un barco de papel en el río que se formaba al lateral de la calle.

Hoy estamos matando esos ratos de aburrimiento, con aplicaciones que tienen todas las series y películas a nuestro alcance, nunca llega el “no hay nada en la televisión”, por lo que poco a poco, nos sentimos raros por estar aburridos.

He descubierto que, si tienes ratos para “aburrirte”, puedes empezar un dialogo contigo mismo, muchas veces no sucede nada, pero otras muchas, si tienes ganas y un sitio tranquilo y dónde anotar, te pueden llegar muchas grandes ideas creativas, tal vez esas que has estado esperando por un buen tiempo, o esa solución a ese problema de trabajo que no encontrabas. Recuerdo haber leído sobre las “revelaciones creativas”, que vienen de golpe y te iluminan para encontrar una solución o esa gran idea que has estado buscando. En varios sitios que he leído sobre temas como la creatividad, se comenta que tener ratos de relajación y espacios adecuados, fomentan la aparición de estos “golpes de inspiración”. Para encontrarte en este estado, debes de poder aburrirte un poco, o mejor dicho, tener espacios de tranquilidad para hablar contigo mismo y escucharte realmente, lejos del ruido de la vida diaria. No se necesita ir a una montaña aislada por 1 mes, a veces sólo basta con dedicar unos minutos al día para ti y apagar todas esas distracciones, para poder conectar contigo mismo y tu ser creativo (si, todos somos seres creativos, solo que a veces tenemos esa parte durmiendo).

Apaga el teléfono y deja la televisión un rato, desconecta de los clientes y sus molestos emails, aunque sea por unos minutos al día. Prepárate un buen té o un café y busca un espacio tranquilo para pensar y no hacer ¡nada!, te recomiendo tener una libreta a la mano para apuntar las buenas ideas que te puedan surgir. Permítete a ti mismo sentirte aburrido o aburrida, no, no hay nada de malo en ello, y escucha lo que llevas tiempo que quieres decirte a ti mismo y que el ensordecedor ruido de tu rutina no te deja escuchar.

– El mundo se ha vuelto una ruidosa carrera contra el tiempo, pero vamos tan deprisa, que ni siquiera sabemos a dónde vamos –

Solo nos han enseñado que tenemos que ir a toda velocidad, sin parar a disfrutar del camino y sin pensar al menos a dónde nos dirigimos.

Enseña a tus hijos a estar cómodos con los ratos de aburrimiento y que aprendan a solventarlos ellos solos con creatividad, no intentes ahorrarles el esfuerzo, dándoles todo ya hecho (cómo un móvil o tablet) y aplica lo mismo para contigo, nunca se sabe, tal vez en esos ratos de introspección y dialogo interno, puedas encontrar lo que has estado buscando. Todos tenemos que aprender a estar solos un rato y disfrutar de nuestros propios pensamientos. Hazte amigo del “aburrimiento” y deja salir tu ser creativo.

Por otro lado, la otra parte de la palabra aburrimiento, que se refiere a estar cansado de algo repetitivo, se puede vencer siendo creativo, jugando y cambiando la rutina. Si tu trabajo es muy aburrido o el trayecto a casa lo es, puedes hacerlo siempre diferente e intentar jugar con ello. Piensa en juegos e ideas para distraerte. Recuerdo que paseando, fui poniendo nombre a los árboles, nombres tontos y graciosos que describieran un poco las características del árbol. Al final, los niños querían pasear para conocer a esos “peculiares amigos” y un camino rutinario y aburrido se volvió en algo tonto y gracioso.

No pierdas el día odiando tu rutina y haz que la vida sea un juego, sin que la calidad de tu trabajo se vea afectada, por supuesto. Y sobretodo, no subestimes el poder de escuchar tu voz interna, te sorprenderías de lo que tienes que decirte, sólo debes de tener tiempo, espacio y «aburrimiento» para escucharte.

Programa o apunta en tu agenda esos pequeños espacios para ti, y respetalo como si de una junta importante se tratase.

< La vida no es una carrera contra el tiempo y podemos frenar la marcha para disfrutar del paisaje. >

Deja tu opinión en la sección de comentarios y cualquier consejo, puedes ser de gran ayuda, no lo dudes. ¡Gracias!

Elimina el plan B


Photo by Elena Koycheva on Unsplash

Debo admitir que hay artículos que resultan todo un desafío y provocan una sensación de gran responsabilidad o miedo, este sin duda es uno de ellos.

Hace poco, estaba leyendo un artículo muy interesante sobre las expectativas y lo peligrosas que pueden llegar a ser en tu vida. Se hablaba sobre ser realistas y no salir de la zona de confort solo por el hecho de querer hacerlo, sin ningún motivo más que sentir que haces algo «atrevido». Es verdad que hoy se dice mucho y que ronda por muchos sitios el mensaje de “déjalo todo y haz lo que quieras”, yo soy precisamente uno de esos representantes en cierto modo. Es un consejo sumamente importante y delicado y hay que hacerlo con responsabilidad e inteligencia. No creo que debamos de cambiar todo lo que hacemos, solo por sentir que hacemos lo que muchos hacen o por sentirnos “atrevidos y aventureros”. No debemos arriesgar nuestra “comodidad” solo para decir a los cuatro vientos “soy valiente y lo he dejado todo”. El primer paso para seguir este artículo sería, saber realmente cuál es el sueño de nuestra vida y que es lo que realmente nos apasiona, hablamos de pasión y verdadero deseo de vivir ese trabajo, profesión o pasatiempo con gran intensidad y trabajo duro. No creo que debamos tomar una decisión solo porque estamos cansados de todo y queremos dejarlo todo por algo que parezca “más divertido”. Los sueños y los grandes objetivos requieren gran trabajo, dedicación e incluso un mínimo grado de obsesión (en forma positiva). Este artículo está destinado para todas aquellas personas que sienten ese calor por dentro, que arde por hacer ese “sueño de toda la vida”, pero que tal vez no han encontrado la manera de materializarlo y volverlo una realidad en su vida. Escribo para esa persona que desea despertar cada día con gran ilusión de empezar a trabajar en aquello que le hace sentir felicidad, y esa felicidad viene por la gran pasión que siente con esa actividad. No importa lo absurdo que suene el sueño, ni por lo complejo o pequeño que pueda parecer, aquí lo importante es el motivo que lo mueve y que el combustible de este cambio o deseo de cambiar sea no menos que auténtica pasión y motivación por algo. Si no estás seguro o segura de lo que deseas hacer, dedica tiempo para meditar y reflexionar que es lo que quieres de tu vida, antes de sacrificar tu zona de confort. ¡Cuidado! Este tipo de decisiones no son para quienes buscan caminos fáciles y rápidos, mucho menos para aquellos que solo quieren pasar el rato y no dar nada a cambio.

¿Por qué tienes un plan B?

Es interesante cuando nos decimos “quiero lograr esto en mi vida y voy a dar lo mejor de mí para alcanzarlo”, pero al mismo tiempo, estamos pensando en lo que haremos si fracasamos en ese sueño o proyecto, lee con cuidado esa frase “si fracasamos o si no resulta…”


Empezamos con gran ilusión por hacer algo que nos apasiona, muchas veces como pasatiempo o algo que hacemos para matar los ratos libres, tal vez desde muy jóvenes o tal vez es un nuevo pasatiempo de adulto. Muchas veces ni siquiera pensamos en dedicarnos por completo a ello. Ponemos toda nuestra energía, fuerza, amor, alegría y dedicación en ello, como por supuesto, mucha paciencia. Avanzamos a velocidades impresionantes y nos retroalimentamos de esa sensación de crecimiento, por lo que progresamos aún más. Pero, ¿qué sucede con el paso del tiempo? Llega siempre el momento del primer fallo, o de esa primera prueba difícil que parece que no podemos superar (más aún cuando hemos decidido dedicarnos por completo en ese sueño o proyecto). Todos y todas pasamos por eso, el problema es que esos fallos o intentos no exitosos, muchas veces los aceptamos como un retundo “he fracasado”. Ese es el gran problema, compramos muy rápido y muy fácil la etiqueta de “fracasado”. Mi propósito en este artículo es, cambiar la percepción sobre esa sensación y proponerte que luches sin temor a fallar. Piénsalo con calma, todos fallamos, ¡debemos fallar!, esa es la manera de aprender cualquier cosa. Imagínate que un gran patinador profesional nunca se haya caído o lastimado intentando nuevos trucos, o jamás intenta cosas arriesgadas por miedo a fracasar en un entrenamiento o peor aún en una competición, o puedes imaginarte un jugador de baloncesto que jamás intente hacer tiros lejanos y cada vez más difíciles con el pretexto de “no quiero fallar el tiro”. ¡Todos tenemos que fallar!, no existe nadie que no haya errado algún intento, porque quiero decirte que es ahí donde se encuentra el aprendizaje. Se trata de caer y levantarte, en repetirlo una vez y otra vez y aprender de esos intentos. Todo experto en cualquier rama, ha llegado a la excelencia gracias al cúmulo de intentos fallidos y la experiencia que ha adquirido gracias a esos fallos que carga sobre su espalda y se han transformado en aprendizaje. Busca información sobre grandes atletas, investigadores, artistas o científicos, todos han fallado, pero eso no los hace ser fracasados.

< El único que fracasa es aquel que no se logra recuperar de los fallos inherentes en el proceso de aprendizaje.>

Thomas Edison al diseñar la bombilla, tuvo que hacer unos ¡1000 intentos! Te imaginas el poder de decisión y la fortaleza que ha tenido, sin mencionar la gran convicción que se debe de tener para soportar mil fallos. Él mismo lo dijo:

“No fueron mil intentos fallidos, fue un invento de mil pasos”

Thomas Alva Edison.

Puedes leer sobre Steve Jobs, que falló con Next, su ordenador para educadores que hizo quemar millones a su empresa, eso después de que fue obligado a renunciar de su propia empresa Apple, imagínate, ¡su propia empresa!, esa que fundó con su amigo y que en al principio tuvieron un enorme éxito y por supuesto mucho dinero. Pero se recuperó de todo esto y volvió a Apple para posicionarla en lo más alto una vez más.

Podría darte muchos ejemplos y creo que es de gran importancia buscar la historia de todo este tipo de gente exitosa, para que descubras que los errores, no son más que buenas lecciones para mejorar en tus proyectos.

<El error no te convierte en fracasado, dejar de intentarlo sí.>

Por lo tanto, ¿Por qué ese plan B?


Cuando tenemos miedo a caer y no confiamos por completo en nuestras posibilidades de lograr nuestros objetivos, recurrimos a un plan de contingencia, otra alternativa en caso de “fracasar”. Aquí es donde se encuentra el problema, primero porque estamos admitiendo que es muy probable que no logremos nuestra meta. Estamos programando nuestra mente a la idea de que es muy difícil salir victoriosos y en respuesta a ello, creamos un plan de refuerzo. Esto, sin saberlo, va mermando nuestra motivación y nos hace creer realmente que no vamos a lograrlo, por no decir que no nos esforzamos por completo, ya que no tenemos la necesidad y la “obligación” de triunfar, al fin y al cabo, si fallamos ya tenemos otra opción.


Por otro lado, comenzamos a “entusiasmarnos” (si esa fuera la palabra) con el plan B o incluso el plan C. A los que dedicamos parte de nuestro tiempo, energía y fuerza, solo para poder sentirnos “seguros”. Lo que está claro es que, perdemos esa seguridad en nuestro plan principal, el plan que realmente nos apasiona y el cual ya nos vamos con total convicción y completa dedicación. Dividimos nuestra energía, inteligencia, fuerza, amor y pasión en otras “alternativas” por lo que, hemos añadido más dificultad al plan principal. Si ya costaba encontrar tiempo, dinero y energía para lograr algo que parecía complicado, imagínate ahora si tienes que dividirlo todo en plan A y plan B.
Lo cierto es que, funcionamos mejor cuando enfocamos toda nuestra energía totalmente en algo y el miedo también puede llegar a ser un gran impulso, que si sabemos controlarlo y no dejamos que el miedo nos domine, puede ser de gran ayuda. Si tenemos un plan B, perdemos ese impulso y necesidad de lograr el plan A, eso hace que no luchemos a muerte para triunfar en ello.

La comodidad y la seguridad te vuelven lento y pasivo. Escucha tu voz interior, analiza tus deseos y descubre cuál ha sido siempre tu sueño y conviértelo en tu plan A y en tu único plan. Para esto, infórmate, prepárate, lee, aprende y rodéate de gente que te ayuden a luchar sin pretextos. No se puede ir a medias por algo muy grande. No te precipites a abandonar lo que haces ahora sin tener claro tu objetivo, pero una vez descubras lo que quieras hacer de tu vida y eso que te apasiona, comienza a dirigir tu energía y tiempo hacia ello. Apúntate a clases, lee libros, compra cursos, habla con gente, trabaja de voluntario, lo que sea que te haga sentir que comienzas a caminar en esa dirección. Una vez tengas claro lo que te motiva y apasiona, ¡Ve a por ello!, sin pretextos ni desvíos. Quita las opciones “en caso de fallar”. Nunca es fácil, pero con verdadero deseo, encontrarás la manera de lograr eso que te propones, requiere valor y mucho trabajo, así como cambios de mentalidad y hábitos, pero con pasión encontrarás la manera. Recuerdo haber leído sobre Hernán Cortés y la destrucción de sus naves, las cuales envío a hundir para indicar a sus hombres que la retirada no era una opción. Tenemos que ser valientes y superar el miedo al fracaso y a lo que dirán los demás. Si deseas algo, ve a por ello sin más, y si lo encuentras imposible en tu cabeza, busca gente e historias que te hagan dejar de pensar de esa manera.
Espero que te pueda ayudar a luchar por tu plan principal, déjame tus comentarios y tu experiencia, podrías ser de inspiración para alguien, como seguro una motivación para mí y quienes lo lean.