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Elimina el plan B


Photo by Elena Koycheva on Unsplash

Debo admitir que hay artículos que resultan todo un desafío y provocan una sensación de gran responsabilidad o miedo, este sin duda es uno de ellos.

Hace poco, estaba leyendo un artículo muy interesante sobre las expectativas y lo peligrosas que pueden llegar a ser en tu vida. Se hablaba sobre ser realistas y no salir de la zona de confort solo por el hecho de querer hacerlo, sin ningún motivo más que sentir que haces algo «atrevido». Es verdad que hoy se dice mucho y que ronda por muchos sitios el mensaje de “déjalo todo y haz lo que quieras”, yo soy precisamente uno de esos representantes en cierto modo. Es un consejo sumamente importante y delicado y hay que hacerlo con responsabilidad e inteligencia. No creo que debamos de cambiar todo lo que hacemos, solo por sentir que hacemos lo que muchos hacen o por sentirnos “atrevidos y aventureros”. No debemos arriesgar nuestra “comodidad” solo para decir a los cuatro vientos “soy valiente y lo he dejado todo”. El primer paso para seguir este artículo sería, saber realmente cuál es el sueño de nuestra vida y que es lo que realmente nos apasiona, hablamos de pasión y verdadero deseo de vivir ese trabajo, profesión o pasatiempo con gran intensidad y trabajo duro. No creo que debamos tomar una decisión solo porque estamos cansados de todo y queremos dejarlo todo por algo que parezca “más divertido”. Los sueños y los grandes objetivos requieren gran trabajo, dedicación e incluso un mínimo grado de obsesión (en forma positiva). Este artículo está destinado para todas aquellas personas que sienten ese calor por dentro, que arde por hacer ese “sueño de toda la vida”, pero que tal vez no han encontrado la manera de materializarlo y volverlo una realidad en su vida. Escribo para esa persona que desea despertar cada día con gran ilusión de empezar a trabajar en aquello que le hace sentir felicidad, y esa felicidad viene por la gran pasión que siente con esa actividad. No importa lo absurdo que suene el sueño, ni por lo complejo o pequeño que pueda parecer, aquí lo importante es el motivo que lo mueve y que el combustible de este cambio o deseo de cambiar sea no menos que auténtica pasión y motivación por algo. Si no estás seguro o segura de lo que deseas hacer, dedica tiempo para meditar y reflexionar que es lo que quieres de tu vida, antes de sacrificar tu zona de confort. ¡Cuidado! Este tipo de decisiones no son para quienes buscan caminos fáciles y rápidos, mucho menos para aquellos que solo quieren pasar el rato y no dar nada a cambio.

¿Por qué tienes un plan B?

Es interesante cuando nos decimos “quiero lograr esto en mi vida y voy a dar lo mejor de mí para alcanzarlo”, pero al mismo tiempo, estamos pensando en lo que haremos si fracasamos en ese sueño o proyecto, lee con cuidado esa frase “si fracasamos o si no resulta…”


Empezamos con gran ilusión por hacer algo que nos apasiona, muchas veces como pasatiempo o algo que hacemos para matar los ratos libres, tal vez desde muy jóvenes o tal vez es un nuevo pasatiempo de adulto. Muchas veces ni siquiera pensamos en dedicarnos por completo a ello. Ponemos toda nuestra energía, fuerza, amor, alegría y dedicación en ello, como por supuesto, mucha paciencia. Avanzamos a velocidades impresionantes y nos retroalimentamos de esa sensación de crecimiento, por lo que progresamos aún más. Pero, ¿qué sucede con el paso del tiempo? Llega siempre el momento del primer fallo, o de esa primera prueba difícil que parece que no podemos superar (más aún cuando hemos decidido dedicarnos por completo en ese sueño o proyecto). Todos y todas pasamos por eso, el problema es que esos fallos o intentos no exitosos, muchas veces los aceptamos como un retundo “he fracasado”. Ese es el gran problema, compramos muy rápido y muy fácil la etiqueta de “fracasado”. Mi propósito en este artículo es, cambiar la percepción sobre esa sensación y proponerte que luches sin temor a fallar. Piénsalo con calma, todos fallamos, ¡debemos fallar!, esa es la manera de aprender cualquier cosa. Imagínate que un gran patinador profesional nunca se haya caído o lastimado intentando nuevos trucos, o jamás intenta cosas arriesgadas por miedo a fracasar en un entrenamiento o peor aún en una competición, o puedes imaginarte un jugador de baloncesto que jamás intente hacer tiros lejanos y cada vez más difíciles con el pretexto de “no quiero fallar el tiro”. ¡Todos tenemos que fallar!, no existe nadie que no haya errado algún intento, porque quiero decirte que es ahí donde se encuentra el aprendizaje. Se trata de caer y levantarte, en repetirlo una vez y otra vez y aprender de esos intentos. Todo experto en cualquier rama, ha llegado a la excelencia gracias al cúmulo de intentos fallidos y la experiencia que ha adquirido gracias a esos fallos que carga sobre su espalda y se han transformado en aprendizaje. Busca información sobre grandes atletas, investigadores, artistas o científicos, todos han fallado, pero eso no los hace ser fracasados.

< El único que fracasa es aquel que no se logra recuperar de los fallos inherentes en el proceso de aprendizaje.>

Thomas Edison al diseñar la bombilla, tuvo que hacer unos ¡1000 intentos! Te imaginas el poder de decisión y la fortaleza que ha tenido, sin mencionar la gran convicción que se debe de tener para soportar mil fallos. Él mismo lo dijo:

“No fueron mil intentos fallidos, fue un invento de mil pasos”

Thomas Alva Edison.

Puedes leer sobre Steve Jobs, que falló con Next, su ordenador para educadores que hizo quemar millones a su empresa, eso después de que fue obligado a renunciar de su propia empresa Apple, imagínate, ¡su propia empresa!, esa que fundó con su amigo y que en al principio tuvieron un enorme éxito y por supuesto mucho dinero. Pero se recuperó de todo esto y volvió a Apple para posicionarla en lo más alto una vez más.

Podría darte muchos ejemplos y creo que es de gran importancia buscar la historia de todo este tipo de gente exitosa, para que descubras que los errores, no son más que buenas lecciones para mejorar en tus proyectos.

<El error no te convierte en fracasado, dejar de intentarlo sí.>

Por lo tanto, ¿Por qué ese plan B?


Cuando tenemos miedo a caer y no confiamos por completo en nuestras posibilidades de lograr nuestros objetivos, recurrimos a un plan de contingencia, otra alternativa en caso de “fracasar”. Aquí es donde se encuentra el problema, primero porque estamos admitiendo que es muy probable que no logremos nuestra meta. Estamos programando nuestra mente a la idea de que es muy difícil salir victoriosos y en respuesta a ello, creamos un plan de refuerzo. Esto, sin saberlo, va mermando nuestra motivación y nos hace creer realmente que no vamos a lograrlo, por no decir que no nos esforzamos por completo, ya que no tenemos la necesidad y la “obligación” de triunfar, al fin y al cabo, si fallamos ya tenemos otra opción.


Por otro lado, comenzamos a “entusiasmarnos” (si esa fuera la palabra) con el plan B o incluso el plan C. A los que dedicamos parte de nuestro tiempo, energía y fuerza, solo para poder sentirnos “seguros”. Lo que está claro es que, perdemos esa seguridad en nuestro plan principal, el plan que realmente nos apasiona y el cual ya nos vamos con total convicción y completa dedicación. Dividimos nuestra energía, inteligencia, fuerza, amor y pasión en otras “alternativas” por lo que, hemos añadido más dificultad al plan principal. Si ya costaba encontrar tiempo, dinero y energía para lograr algo que parecía complicado, imagínate ahora si tienes que dividirlo todo en plan A y plan B.
Lo cierto es que, funcionamos mejor cuando enfocamos toda nuestra energía totalmente en algo y el miedo también puede llegar a ser un gran impulso, que si sabemos controlarlo y no dejamos que el miedo nos domine, puede ser de gran ayuda. Si tenemos un plan B, perdemos ese impulso y necesidad de lograr el plan A, eso hace que no luchemos a muerte para triunfar en ello.

La comodidad y la seguridad te vuelven lento y pasivo. Escucha tu voz interior, analiza tus deseos y descubre cuál ha sido siempre tu sueño y conviértelo en tu plan A y en tu único plan. Para esto, infórmate, prepárate, lee, aprende y rodéate de gente que te ayuden a luchar sin pretextos. No se puede ir a medias por algo muy grande. No te precipites a abandonar lo que haces ahora sin tener claro tu objetivo, pero una vez descubras lo que quieras hacer de tu vida y eso que te apasiona, comienza a dirigir tu energía y tiempo hacia ello. Apúntate a clases, lee libros, compra cursos, habla con gente, trabaja de voluntario, lo que sea que te haga sentir que comienzas a caminar en esa dirección. Una vez tengas claro lo que te motiva y apasiona, ¡Ve a por ello!, sin pretextos ni desvíos. Quita las opciones “en caso de fallar”. Nunca es fácil, pero con verdadero deseo, encontrarás la manera de lograr eso que te propones, requiere valor y mucho trabajo, así como cambios de mentalidad y hábitos, pero con pasión encontrarás la manera. Recuerdo haber leído sobre Hernán Cortés y la destrucción de sus naves, las cuales envío a hundir para indicar a sus hombres que la retirada no era una opción. Tenemos que ser valientes y superar el miedo al fracaso y a lo que dirán los demás. Si deseas algo, ve a por ello sin más, y si lo encuentras imposible en tu cabeza, busca gente e historias que te hagan dejar de pensar de esa manera.
Espero que te pueda ayudar a luchar por tu plan principal, déjame tus comentarios y tu experiencia, podrías ser de inspiración para alguien, como seguro una motivación para mí y quienes lo lean.

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3 comentarios

  1. Rosa Rosa

    Yo tengo plan A y sólo plan A y de ahi no me muevo!
    Tienes razon en todo lo que dices!

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